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Hagamos un trato


Compañera

usted sabe

que puede contar

conmigo

no hasta dos

o hasta diez

sino contar

conmigo


si alguna vez

advierte

que la miro a los ojos

y una veta de amor

reconoce en los míos

no alerte sus fusiles

ni piense qué delirio

a pesar de la veta

o tal vez porque existe

usted puede contar

conmigo


si otras veces

me encuentra

huraño sin motivo

no piense qué flojera

igual puede contar

conmigo


pero hagamos un trato

yo quisiera contar

con usted

es tan lindo

saber que usted existe

uno se siente vivo

y cuando digo esto

quiero decir contar

aunque sea hasta dos

aunque sea hasta cinco

no ya para que acuda

presurosa en mi auxilio

sino para saber a ciencia cierta

que usted sabe que puede

contar conmigo


Mario Benedetti

Cuando éramos niños



Cuando éramos niños,
los viejos tenían como treinta,
un charco era un océano,
la muerte lisa y llana
no existía.

Luego cuando muchachos,
los viejos eran gente de cuarenta,
un estanque era un océano,
la muerte solamente,
una palabra.

Ya cuando nos casamos,
los ancianos estaban en los cincuenta,
un lago era un océano,
la muerte era la muerte
de los otros.

Ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad:
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.
Mario Benedetti

Los formales y el frío




Quién iba a prever que el amor ese informal

se dedicara a ellos tan formales.


Mientras almorzaban por primera vez,

ella muy lenta y él no tanto

y hablaban con sospechosa objetividad

de grandes temas en dos volúmenes

su sonrisa - la de ella-

era como un augurio o una fábula

su mirada - la de él- tomaba nota

de cómo eran sus ojos - los de ella-

pero sus palabras - las de él-

no se enteraban de esa dulce encuesta.


Como siempre o casi siempre

la política condujo a la cultura

así que por la noche concurrieron al teatro

sin tocarse una uña o un ojal

ni siquiera una hebilla o una manga

y como a la salida hacía bastante frío

y ella no tenía medias

sólo sandalias por las que asomaban

unos dedos muy blancos e indefensos

fue preciso meterse en un boliche.


Y ya que el mozo demoraba tanto

ellos optaron por la confidencia

extra seca y sin hielo por favor.


Cuando llegaron a su casa - la de ella-

ya el frío estaba en sus labios - los de él-

de modo que ella fábula y augurio

le dio refugio y café instantáneos.


Una hora apenas de biografía y nostalgias

hasta que al fin sobrevino un silencio

como se sabe en estos casos es bravo

decir algo que realmente no sobre.


Él probó: sólo falta que me quede a dormir

y ella probó : ¿ por qué no te quedas?

y él : no me lo digas dos veces

y ella: bueno ¿por qué no te quedas?


De manera que él se quedó, en principio

a besar sin usura sus pies fríos - los de ella-

después ella besó sus labios - los de él-

que a esa altura ya no estaban tan fríos

y sucesivamente así

mientras los grandes temas

dormían el sueño que ellos no durmieron.


Mario Benedetti


CARPE DIEM

Inventario de lugares propicios al amor


Son pocos.

La primavera está muy prestigiada, pero

es mejor el verano.

Y también esas grietas que el otoño

forma al interceder con los domingos

en algunas ciudades

ya de por sí amarillas como plátanos.

El invierno elimina muchos sitios:

quicios de puertas orientadas al norte,

orillas de los ríos,

bancos públicos.

Los contrafuertes exteriores

de las viejas iglesias

dejan a veces huecos

utilizables aunque caiga nieve.

Pero desengañémonos: las bajas

temperaturas y los vientos húmedos

lo dificultan todo.

Las ordenanzas, además, proscriben

la caricia (con exenciones

para determinadas zonas epidérmicas

-sin interés alguno-

en niños, perros y otros animales)

y el «no tocar, peligro de ignominia»

puede leerse en miles de miradas.

¿Adónde huir, entonces?


Por todas partes ojos bizcos,

córneas torturadas,

implacables pupilas,

retinas reticentes,

vigilan, desconfían, amenazan.


Queda quizá el recurso de andar solo,

de vaciar el alma de ternura

y llenarla de hastío e indiferencia,

en este tiempo hostil, propicio al odio.


"Tratado de Urbanismo". Ángel González